52 palabras, Fotografía

18/52 palabras: construir

20150125 (011)

Vivimos en Dove River, al norte de Georgian Bay. Mi marido y yo emigramos de las Highlands escocesas hace una docena de años, huyendo de la miseria como tantos otros. Un millón y medio de personas llegamos a Norteamérica en un período de pocos años, pero, a pesar del número, a pesar de viajar hacinados en la bodega del barco de tal manera que te parecía que en el Nuevo Mundo no podía haber sitio para tanta gente, en los puertos de arribada de Halifax  y Montreal nos dispersábamos como los brazos de un gran río y desaparecíamos en los bosques. Esta tierra nos engullía con un hambre insaciable. Ganábamos tierras al bosque y dábamos a nuestros lugares los nombres de las cosas que veíamos… o nombres de nuestras viejas ciudades, recuerdos sentimentales de sitios que no había tenido sentimientos para nosotros. Esto demuestra que, quieras o no, no puedes dejar atrás ciertas cosas.

La ternura de los lobos, de Stef Penney

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52 palabras, Fotografía

17/52 palabras: verde

20150117 (009)

La casa era de dos pisos. El superior, con los dormitorios, la sala para las clases, el estudio de Alexandr Alexándrovich y la biblioteca, el boudoir de Anna Ivánovna y las habitaciones de Tonia y Yura, estaba destinado a vivienda, y el piso de abajo a las recepciones. Las cortinas de color de alfóncigo, los brillantes reflejos sobre la tapa del piano, el acuario, los muebles de color aceituna y las plantas de adorno parecidas a las algas daban a la parte inferior de la casa el aspecto de un verde fondo marino, soñolientamente ondeante.

Doctor Zhivago, de Boris Pasternak

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52 palabras, Fotografía

16/52 palabras: calma

20150110 (019)

Gretta ceja en sus labores de jardinería y sus lamentos y se lleva a los niños a la playa, asegurando que tienen que encontrar el tesoro de una sirena antes de que se haga de noche. Mónica se sienta en el escalón de la puerta y mira el mar. Michael Francis corta leña, encontrando paz en la rítmica caída del hacha. Aoife, de pronto hambrienta, comienza a freír huevos con beicon, y Claire, al oler la comida, entra para poner la mesa. No dice nada cuando Aoife empieza a comer de pie junto al fogón, devorando huevos y pan como una posesa. No dice nada, ni una palabra, se limita a pasarle un plato y un tenedor.

Cuando terminan de cenar y los rectángulos de luz en las ventanas son de un azul índigo, acuestan a los niños, que tienen el pelo tieso de sal, y Michael Francis entra en la sala donde están su madre, sus hermanas y su mujer, y donde un fuego crepita en la chimenea.

– Ven – le dice a Claire, cogiéndole la mano -, vamos a dar un paseo.

Instrucciones para una ola de calor, de de Maggie O’Farrel

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52 palabras, Fotografía

15/52 palabras: sombra

20141230 (020)

¡Vaya un cuadro!, pensó Laurie, mirando entre los arbustos.

Era de veras un cuadro precioso. En un rincón de sombra estaban las hermanas, filtrándose sobre ellas los rayos de sol y agitando el viento sus cabellos, mientras los pequeños habitantes del bosque continuaban con sus trabajos como si las jóvenes no fueran extrañas sino antiguas amigas. Meg estaba sentada sobre su almohadón, cosiendo, y parecía tan fresca como una rosa con su traje del mismo color sobre fondo verde. Beth escogía piñas de las que estaban esparcidas en gran cantidad. Amy dibujaba unos helechos y Jo hacía calceta a la vez que leía en voz alta.

Mujercitas, de Louisea May Alcott

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